Venir a Perú y pasar tiempo con mi familia ha sido una medicina para el alma. Sentir su amor, su apoyo incondicional, su presencia… me recordó que no estoy sola, que tengo un hogar que siempre me sostiene.
También reencontrarme con amigas que conozco desde muy pequeña fue un regalo enorme. Me hicieron ver que la distancia no borra los lazos, que aunque estemos lejos, sí podemos apoyarnos mutuamente, escucharnos, sostenernos. Les agradezco profundamente por recordármelo con tanto cariño.
Alejarme de las redes sociales estas dos semanas también me ayudó a hacer espacio en mi mente, a escucharme con claridad y entender muchas cosas que necesitaba procesar.
Hoy regreso a Nueva York con el corazón más fuerte, pero sobre todo más en paz. Sé que aún tengo camino por recorrer, pero también sé que tengo el poder de cambiar, de sanar, y de caminar hacia donde realmente quiero estar.
Gracias a la vida por estos días. Gracias a mi familia por ser mi raíz. Y gracias a mis amigas de toda la vida por estar presentes de una forma tan bonita. ❤️










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