Algunas fotografías captan una escena.
Otras capturan un recuerdo.
Esta foto fue tomada hace muchos años durante uno de esos mágicos días de invierno en Central Park, cuando Nueva York se transforma en algo casi irreal. La nieve acababa de caer, cubriendo el suelo y las ramas de los árboles con suaves capas blancas. El aire era fresco, la luz cálida y todo el parque parecía tranquilo y silencioso.
Mientras caminaba por el parque con mi cámara, me fijé en uno de los clásicos carruajes tirados por caballos que se movía lentamente por el sendero nevado. El carruaje blanco, el caballo gris, el conductor vestido con ropa oscura de invierno… todo parecía de otra época.
El contraste entre la nieve, los árboles y el elegante carruaje me llamó inmediatamente la atención.
Levanté mi cámara profesional y extendí el brazo todo lo que pude para encuadrar el momento exactamente como quería. Quería que el caballo, el carruaje, los árboles y el ambiente invernal estuvieran todos en el mismo encuadre.
Click
Ese momento quedó capturado para siempre.
Pero la parte divertida de la historia ocurrió justo después.
Como bien saben los fotógrafos, a veces damos un paso atrás para ver mejor la composición o para apartarnos del camino de alguien. Yo hice exactamente eso, pero no me di cuenta de lo resbaladiza que estaba la nieve.
Lo siguiente que supe es que me había resbalado y caído en la nieve.
Lo que hace que la historia sea aún mejor es que mi brazo permaneció completamente extendido en el aire, sosteniendo mi cámara a salvo por encima de todo. De alguna manera, mi instinto de fotógrafo se puso en marcha y mi único pensamiento fue:
“¡Protege la cámara!”
La gente que viajaba en el carruaje lo vio todo. Se rieron, no de mala manera, sino de forma espontánea, cuando ocurrió algo inesperado. Algunos me preguntaron inmediatamente si estaba bien.
Yo también me eché a reír.
Allí estaba yo, sentada en la nieve en medio de Central Park, sosteniendo mi cámara como si fuera un trofeo.
Momentos como éste me recuerdan que la fotografía no es sólo la imagen final. Se trata de la experiencia que hay detrás: el aire frío del invierno, el hermoso paisaje, la caída inesperada y las risas que siguieron.
Cada vez que miro esta fotografía, no sólo veo un paseo invernal en carruaje por Central Park.
Recuerdo todo el momento.
Y sinceramente… eso hace que la foto sea aún más especial.




